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CAPÍTULO 11º
La remolacha
Critica
Otro
de los productos que se criaba era la remolacha, que aquí era donde
más grados tenía, porque la tierra reunía las cualidades y este
producto se criaba con mucha calidad. Se sembraba por el mes de
marzo. Siempre era en tierra de regadío y todas las faenas que se le
hacían eran muy penosas, pero sobre todo cuando se arrancaba, que
era por el mes de diciembre, la lluvia y aún más el hielo que lo
congelaba todo, lo
hacía mucho más duro, y allí colaboraba todo el mundo. Los hombres
la iban sacando de la tierra, con unos ganchos y los que podíamos
menos, le quitábamos las
hojas con una hoz, le decían “escoronar” y la íbamos haciendo
montones.
Después se iba entregando en la
báscula, donde la concentraban toda la del pueblo y con camiones se
la llevaban a Caniles, que estaba la azucarera. También había otra
en Benalúa. Para cargar los camiones siempre había gente dispuesta,
de esta forma se ganaban algún dinero cada uno, para sus gastos. A
cada propietario que había entregao remolacha, le anticipaban un
saco de azúcar, que por esas fechas era cuando se hacían los
rosquillos para la Pascua, que eran tiempos que se vivía con mucha
ilusión y había un refrán que decía “de la Pascua a San Antón,
fiestas son”.
Todo el pueblo te invitaba a lo poco que tenía,
pero lo hacía con una gran voluntad.
Todos hacían una bebida muy típica llamada mistela. También se hacía
cuerva, que en
otros lugares es conocida como sangría y los dulces, y ya por esas
fechas ya todos
habían hecho la matanza con el cerdo.
Había muchas viñas y el vino se pisaba en
las bodegas del pueblo y por su situación geográfica todas las
ventanas dan al norte y
mantienen una temperatura inferior y el proceso de la fermentación
era más largo y el vino salía con más calidad. Era muy nombrao en
toda la zona. Yo siempre estaba en el medio, veía que la gente se
emborrachaba mucho, cantaban y decían muchas tonterías, y a otro día
todos estaban trabajando como si no les hubiera afectado la
borrachera para nada.
Había un vecino que cuando se chispaba, sacaba el
burro de la cuadra y decía que tenía que entrar de culo y no se le
podían hacer las contras. La mujer le seguía la corriente e incluso
le ayudaba, de lo contrario se ponía echo una fiera y a otro día no
era nadie, ni se acordaba de nada. Había otro que cuando llegaba en
la misma situación, levantaba a la mujer y a los hijos y los ponía a
hacer instrucción. Ellos se comportaban muy sumisos con tal de no
dar escándalo en el barrio, pero no les hacía ninguna gracia.
Los zagales, todos tenían una
alcancía y cada perra que te daban o te la ibas ganando, la ibas
echando en ella, para cuando llegaran las fiestas o para alguna cosa
que te querías comprar. Al día la mirabas un montón de veces y la
cambiabas de sitio y aquello te hacía mucha ilusión.
CAPÍTULO 12º El
agua potable Arriba
Por ese tiempo se puso el agua potable en
el pueblo. La trajeron de la Alquería a unos cuatro Km. de distancia,
de unas fuentes que les dicen “balsicas”, al permitir el nivel que
el depósito quedara a una altura bastante alta del pueblo.
El proyecto era de mucha envergadura, tenían que atravesar haciendo
minar muchos cerros, pero aquello creó mucho trabajo para la gente y
una de las cosas que más nos sorprendía es que empezaban ha hacer la
mina por las dos puntas y coincidían en el centro. La verdad es que
era una obra de ingeniería pero a nosotros nos sorprendía mucho
aquello.
Las minas las hacían de dos metros de alto
y un metro de ancho aproximadamente. Después ponían un tubo de unos
veinte centímetros de diámetro sobre unos tantos que subían unos
veinte centímetros del suelo. el tubo quedaba pegado a un lado de la
mina y el resto era paso, al salir de la mina a lo que hacia
barranco hasta la otra boca hacían un sifón haciendo unas arqueta en
cada entrada o salida de las minas. Los zagales pasábamos todos los
días de una punta a otra porque aquello nos impresionaba mucho.
Los obreros se alumbraban con carburos y nosotros íbamos buscando
los restos de carburo que tiraban y los prendíamos puniendo una lata
haciendo saltar la lata por los aires.
Al final de la ultima mina hicieron dos depósitos también debajo de
la tierra, de una capacidad de unos doscientos metros cúbicos, cada
uno y antes de llenar los depósitos trajeron el agua hasta la misma
entrada seria para probar si el agua llegaba bien hasta allí y la
echaban por la alcantarilla de la carretera a una cañá que tiene
unos bancales y el dueño los regaba con esta agua y todo el pueblo
subía allí con cantaros y sen llevaban agua antes todos teníamos que
ir al rió.
Casi toda la conversaciones eran relacionadas con la llegada del
agua al pueblo, creo que era un gran paso.
A partir de allí se empezó la red de
distribución en el pueblo y pusieron varios caños públicos en
distintos puntos, y quizás fuera el punto más concurrió, a veces
tenías que hacer cola para poder llenar el cacharro que llevabas,
pero yo veía que sobre todo las mujeres después de haber llenado el
agua, se estaban un buen rato cascando con las otras, se lo pasaban
bien.
También las que eran mocicas
y ya había algún zagal que las había mirado dos veces al ir al caño
a por agua, pues intentaban coincidir allí para ir tirándole los
tejos y ver si eras de su agrado.
Poco después se fue
distribuyendo por el pueblo, primero lo que era el casco viejo y más
tarde iba subiendo a los barrios, pero solo a los más cercanos.
Después se unían algunos vecinos y entre ellos y por su cuenta la
llevaban hasta su casa. Al principio les parecía increíble la
comodidad que les suponía no tener que ir a buscarla tan lejos.
Otra cosa que a
la gente sobre todo a los muchachos les impresionaba era hacer la
mili. En las casas cuando se acercaba el tiempo de incorporarse a
filas en las casa se vivía muy pendiente del mozo que se tenía que
ir. Bueno, ya desde un año antes que lo medían en el ayuntamiento y
ese día era una fiesta para ellos, salían pidiendo por el pueblo y
por los mercados y con todo lo que juntaban se lo llevaban a una
cueva y lo guisaban pero casi lo primero que hacían era chisparse y
aquello duraba dos o tres días.
Cuando midieron a mi hermano yo estaba allí
con ellos y entre cuatro o cinco se les ocurrió de ir a volcarle la
chimenea a una mujer mayor que vivía allí cerca y no se lo pensaron
dos veces, cuando la mujer se levantó por la mañana y vió la
chimenea en el suelo, pues a parte del cabreo que pilló se fue
derecha al cuartel. Enseguida los civiles a buscar a los quintos y
no salía en claro los que habían sido y tuvieron que ir todos a
hacerle la chimenea. Como todavía no se le había ido la borrachera
salió la obra como para tirarla otra vez y como la mujer no estaba
conforme tuvieron que buscar un albañil y pagarle entre todos.
CAPÍTULO 13º Los
quintos Arriba
Al ser gente tan joven y con ganas de
juerga se juntaban en una cueva y se comían y se bebían todo lo que
llevaban y pensaban todo lo inimaginable.
Fueron y le compraron a un gitano un pollino que tenía y allí se lo
comieron. Cuando
ya se emborrachaban empezaban a hacer apuestas. Unas eran normales,
como echarse
el pulso y probarse las fuerzas de todas las maneras, pero hacían
barbaridades como coger un cántaro y roerle toda la boca dos o tres
centímetros, comerse el tabaco y dar voces y cantar hasta quedarse
afónicos hasta dos o tres días.
Con anterioridad aparte del preparativo que tenían, habían comprado
un pollino que
ellos mismos mataban y lo preparaban en distintos guisos y se lo
comían, y el hecho de
ser quintos los unía mucho.
Cuando llegaba el día de irse, se
juntaban todos en la plaza y entre ellos y la gente que acudía a
despedirles se formaba un genterío. Después llegaba el camión del
tío Pedro el de las ollas y uno a uno con su poso de equipaje se
iban subiendo al camión y los llevaba hasta Guadix, donde estaba la
caja de reclutas y desde allí se los llevaban a los distintos
acuartelamientos que los destinaban.
A los siete u ocho días en las casas recibían la primera carta con
foto incluida vestidos
de soldados y las madres no sabían donde ponerla, pero una de las
cosas que más les consolaba era saber si le daban bien de comer.
Cuando venían de permiso traían unos cuadros con muchas cintas de
todos los colores,
pero sobre todo una muñeca vestida de soldado con una trompeta que
tocaba el quinto levanta y todas las conversaciones y comentarios
eran relacionados con la mili.
Normalmente en los alrededores de los cuarteles había bastante
prostitución y algunos
que era la primera vez que se estrenaban, pues tenían mala suerte de
coger algunas de las enfermedades que por ese tiempo existían, por
ejemplo purgaciones, ladillas, etc... era mayormente por falta de
higiene que allí había. También se traían ropa que luego usaban
aquí, sobre todo gorras. Al licenciarse ya se entendía que eran
hombres hechos y derechos, incluso la mayoría empezaban a fumar
delante de su padre, cosa que antes no hacían, y a echarse novia con
más libertad.
CAPÍTULO 14º Loa
gitanos Arriba
En el pueblo había bastantes gitanos que trabajaban cuando les
avisaban pero lo que a ellos más les gustaba eran los tratos de
bestias, lo pasaban bastante mal, pero ellos siempre estaban
cantando y bailando y más cuando llegaba la pascua o alguna
celebración como boda o bautizo.
Cuando iban al campo,
si tenían algún burro, siempre iba el gitano montado y la gitana
detrás andando y si el gitano entraba en algún bar., la gitana se
quedaba siempre en la puerta.
Ellas hacían en
su cueva canastas y cestos con cañas y varillas de mimbreras y las
vendían o las cambiaban por cosas de comer.
Siempre les temían mucho a
los civiles porque los maltrataban mucho y cualquier cosa que
robaban en el pueblo, les echaban la culpa a ellos.
Cuando se enteraban que a alguien se les había
muerto un cerdo o cualquier animal,
iban donde lo habían enterrado, lo desenterraban y se lo llevaban
para comérselo. Para
todos estaba todo difícil, pero para ellos todavía peor.
Había un gitano que le decían “la
osa” que iba muy bien vestido y con muchas alhajas y los zagales nos
acercábamos a él y siempre nos daba algo, decía que había estado en
la División Azul, en la segunda guerra mundial y que recibía una
paga ya que se le veía que tenía dinero. Al poco tiempo se fue y ya
no supimos de él.
CAPÍTULO 15º
El cristo y los Toros
Arriba
En una fiesta del Cristo, que para todos era lo máximo y la
estábamos esperando todo
el año, hicieron toros, pero como la economía no permitía hacer nada
del todo bien,
pues improvisaron la plaza con palos y no muy bien amarrados y
buscaron una vaca que
envestía, de un hombre que le decían el “tío cabrera”, que la dejó
por buenos empeños,
pero este hombre no muy convenció del todo. La vaca la tuvieron en
una especie de chiquero
junto a la plaza que estaban haciendo. Le echaban comida y agua y el
dueño no paraba
de ir a ver que trato le estaban dando y por allí desfilaba todo el
pueblo y todo era
tirarle piedras y tratar de resabiar al animal. Cuando llegó la hora
de la corrida y todo estaba
a punto, abrieron el chiquero y salió a la plaza y el animal del
vocerío de la gente y
el haber estado tanto tiempo allí encerrado, salió asustado y el
primer salto que dio, se
saltó los palos y corría a todo lo que daba de sí por todo el pueblo. La gente huía y otra
iba detrás para ver si la podían pillar y a todo eso con mucho
pánico, ya que por donde iba hacía paso. Después de correr todo el pueblo se fue hacia el río
y al cruzar había un
remanso y la vaca se quedó zanjada en el cieno. Luego vino la briega
para sacarla. La
gente tiraba con cuerdas hasta que consiguieron arrastrarla a la
orilla y el animal tumbado
totalmente abatido y el dueño no paraba de decir “esto lo sabía yo”
y ya nadie se hacía
responsable de toda esta tragedia.
Al año siguiente hicieron otra plaza mejor y trajeron cuatro
novillos muy espeluznaos
y secos, pero las autoridades no concedían el permiso temiendo que
pasara lo
mismo
que el año anterior y al final les tuvieron que dar puntilla y este
hombre que organizó estos
festejos no le quedó más remedio que abandonar, porque el hombre más
que otra cosa, lo
que tenía era mucha fe puesta en estos actos.
CAPÍTULO 16º
Champiñones Arriba
Por ese tiempo vinieron unos hombres que le proponían a la gente que
tenían varias
cuevas, que por desgracia se habían quedado vacías, ya que sus
habitantes habían encontrado
trabajo allí donde habían emigrado, que se las alquilaran para
sembrar champiñón.
Aquello llevaba un proceso largo. Lo primero que se hacía era
desinfectar la cueva,
después compraban basura, que por lo que decían la mejor era la de
las bestias. La iban juntando
en cualquier escampao y cuando tenían la cantidad suficiente la iban
hacinando en un
montón que tenía forma rectangular y una altura de un metro y medio y
a medida que la iban
amontonando le echaban agua para que fermentara y unos días después
le daban vuelta para
que pudiera la que antes había quedado en la superficie y al cabo de
unos quince días la
trasladaban hasta la cueva y la iban poniendo en forma de
caballones. Después introducían
unas semillas que ya le habían proporcionado estos hombres que
vinieron y le propusieron
la siembra.
La semilla echaba muy mala olor. Quince días más tarde empezaba a
brotar lo que ya
era el champiñón.
Aquello para el pueblo fue todo un descubrimiento y palió un poco la
economía del
pueblo ya que estaba atravesando por mal momento. Ya con
anterioridad había caído la industria
del cáñamo.
Aquello fue una novedad y el champiñón nos lo comíamos de todas las
maneras, frito, asado,
cocido... en los bares te lo ponían en bocadillos.
Hubo tres o cuatro años que aquello fue muy bien. Mas tarde fue
produciendo cada vez menos
y la gente ya no se defendían criando aquello y después sólo quedó
la cueva maloliente
y las paredes manchadas y un exquisito lugar para que las pulgas se
adueñaran de la cueva.
CAPÍTULO 17º
El fútbol
Arriba
También había mucha afición al fútbol. Venían a jugar de todos los
pueblos de alrededor,
no es que fuera liga, si no que se desafiaban y quedaban para jugar
los domingos pero
con quien más rivalidad existía era con Huéscar.
Bajaban en un camión o con bicicletas o incluso andando y ya en la
entrada del pueblo
estaban todos los zagales preparados con palos y piedras para
atemorizarlos y diciéndoles
de todo menos bonicos.
Ya cuando empezaba el partido todo se calmaba un poco, pero en
cuanto había una jugada
rara o que no nos interesara ya estaba el follón liao, pero lo peor
ya era cuando llegaba
un gol, si era por parte nuestra era todo alegría aunque el acoso
seguía maltratándolos pero
si por el contrario el gol nos lo metían a nosotros ya era muy
difícil que el partido continuara,
la gente invadía el campo. El árbitro n tenía ninguna autoridad y en
muchas ocasiones se
llegaba a las manos.
En el equipo jugaba gente más mayor. Había algunos que jugaban
bastante bien, pero la
mayoría era a lo tonto. En la defensa jugaba “José el Colorao” y por
allí no se colaba nadie.
Cuando venía el balón, cogía correntilla e iba para él y le pegaba
tan fuerte que cruzaba el
campo y salía por detrás del portero contrario al mismo tiempo que
el alpargate salía disparado
para el cielo.
En ese tiempo todos queríamos ser Ramallet o paco Gento, pero con
una pelota hecha
de trapos con unos cordeles rodeados que a los cinco minutos ya
estaban por un lado y los
trapos por otro, cómo se podía soñar llegar tan lejos.
Bonifacio Sola Martines (1952) Atrás
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Critica
En esta
obra, Bonifacio Sola nos traslada a todos los que
nacimos en esa tierra, a nuestra infancia, con sencillez
sinceridad se recrea, en sus vivencias y se rodea de
todos aquellos personajes tan entrañables y variopintos
que perduran en su recuerdo.
El portacho, ese barrio tan
entrañable, sobre todo para los que nacimos allí, pero
no solo incluye personajes de el sino que traslada sus
relatos a todo el conjunto de barrios, no dejando en el
olvido sus correrías, penurias y anécdotas que
representan los tiempos que le toco vivir, hambre,
miseria, ignorancia, injusticia. Siendo una obra
autobiografica, son las vivencias de muchos galerinos que
les toco vivir en esos años de desesperanza en que no
había tiempo para diversiones gratuitas, el trabajo era
lo mas importante, todo lo demás era pura anécdota.
De Bonifacio se podría
decir que es un escritor autóctono que rescata todo
aquellas costumbres, personajes, apodos, lugares,
utensilios, en unas palabras defino su estilo,
como narrativa rural, como hemos dicho, antes por su
sencillez y veracidad, fuera de esa escritura técnica
que mucha gente no entiende, la literatura es también
humilde, debe de llegar a todos.
José Antonio Blázquez Romera. 04-11-2005
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