Poesía de Jorge de la Plaza, Argentino nieto de una "galerina", dedicada a ella

Mi promesa

 

-“Allá lejos, en España

está mi pueblo, Galera.

Los recuerdos se entreveran

pero siento su perfume,

sus sonidos, sus costumbres.”

 

Así contaba mi abuela

del pueblo donde vivía,

que orgullosa parecía

hablando de su Galera.

 

“De mañana me mandaban

a juntar los caracoles,

para probar sus sabores

en las comidas caseras.

Iba feliz y cantando

como la niña que era.”

 

Una sonrisa en su alma,

una mirada perdida;

cae una lágrima triste

en su boca, fugitiva.

 

“Entre los verdes trigales

crecen las luces del alba,

que marcan el camino

de regreso hasta la casa.

Todo era un lindo destino,

linda infancia, linda calma.”

 

“Que hermosa la procesión

por los caminos angostos,

juntando de pueblo en pueblo

toda la gente dispuesta

para cargar en sus hombros

a Jesús, el nazareno”.

 

Su boca empieza a temblar,

baja al piso su mirada

parece que algún recuerdo

está maltratando su alma.

 

“Una mañana de invierno

mi madre cerró sus ojos

y en ese mundo quedamos

mi padre, mi abuela y yo,

la casa cueva el fogón

y un callado corazón”.

 

“Sin tiempo de despedidas

nos fuimos de aquellas tierras

viajando con la certeza

de volver para quedarnos.

Los años fueron pasando

y con ellos las promesas”.

 

Dejando atrás los recuerdos,

su infancia, las dolencias;

olvidando aquella ciencia

de irse para volver.

Sin tener ya que perder

nunca olvidó su querencia.

 

“Anduve tantos caminos

para llegar a estas tierras

crucé mares, llanos, sierras;

dejé familias, costumbres.

Veo la ermita en la cumbre,

jamás me fui de Galera”.

 

Colmada de cicatrices

su vida dejó de andar,

su alma volvió al lugar

donde estaba el corazón,

que se quedó en aquel pueblo

no la quiso acompañar.

 

Hoy me duele tu fracaso,

tus lágrimas y tristezas.

Viniste a ser mi abuela,

te lo quiero agradecer.

Prometo no perecer

Si devolverte a Galera.

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